Ultimas entradas

domingo, 31 de marzo de 2013

DISCURSO DE MICHELLE BACHELET 27 de marzo 2013



 
 
Queridos amigos, queridas amigas,
¡Qué alegría estar nuevamente en casa, con ustedes! ¡Qué alegría regresar a mi país, después de tres años!
Y es una tremenda alegría porque han sido años de trabajo, de satisfacciones, de aprendizaje. He visto, en esta tarea, nuevas realidades. He recorrido muchos países en este tiempo, promoviendo los derechos humanos de las mujeres en el mundo.
Me he reunido con gobernantes y trabajado organizaciones y líderes de Asia, África, Oceanía y Europa. 
He recorrido un mundo convulsionado, incomodo por una globalización que no ha sido beneficiosa para todos y que ha profundizado las brechas de desigualdad.
Pero también he sido testigo del coraje, la perseverancia y la esperanza de cambios profundos, especialmente entre las mujeres del mundo árabe.
Para mí ha sido una enorme experiencia de vida, una labor enriquecedora, un permanente descubrimiento y aprendizaje que, estoy segura, servirán a los hombres y mujeres de mi patria.
Pero créanme, con todo lo valioso que ha sido la experiencia de estos años, no hay nada que se compara con la felicidad de estar en casa. Porque no hay nada que se compare a la dicha de estar en mi país, con mi familia, con mi gente.
Porque, como decía Mario Benedetti en su “Noción de patria”, “siempre se vuelve”.
Porque todos estos años he sentido el apoyo, la confianza y el cariño  de una inmensa mayoría de chilenas y chilenos. Tengo la necesidad de decir a esas personas, y de todo corazón: gracias.
Muchas gracias.
Ustedes son parte fundamental de lo que me ha traído de regreso.
Como saben, me he tomado un tiempo para reflexionar sobre esta decisión.
He conversado con mi familia, de la que siempre he recibido incondicional compañía y apoyo, y a la que agradezco sinceramente el compromiso, la paciencia y el sacrificio que a menudo implica para ellos mi dedicación al servicio público.
Amigas, amigos,
Les dije: hablamos en marzo y aquí estoy, frente a ustedes, cumpliendo mi palabra.
Aquí estoy, junto a ustedes, dispuesta a asumir este desafío que,  es personal y sobre todo, colectivo.
Con alegría, con determinación y con mucha humildad, he tomado la decisión de ser candidata.
Estoy decidida a convocar una nueva mayoría política y social para llegar juntos a la Presidencia de la República.
Para que tengamos un Chile que progresa en cada uno de nosotros, un país con más justicia, más unidad, más participación y más solidaridad.
La misión es hermosa y es inspiradora, pero seamos honestos: no será fácil.
Sabemos, a ciencia cierta, que desde el retorno de la democracia Chile ha tenido progreso y crecimiento. No lo digo sólo yo, sino también líderes de todo el mundo.
Hemos construido una democracia estable –con insuficiencias que reclaman nuestra atención, pero estable – con mejoras sociales y con crecimiento económico. Por eso soy optimista con el futuro de Chile. Por eso podemos aspirar a una mejor vida para nosotros y para nuestros hijos e hijas.
Sin embargo, es justo señalar que hubo cosas que no hicimos del todo bien y reformas que quedaron sin hacer.
Sabemos también que los beneficios no han llegado a todos de la misma manera. Digámoslo claramente: los indudables avances en la lucha contra la pobreza no se han traducido en cambios significativos en los niveles de desigualdad de nuestro país.
Sabemos que, a pesar de los indicadores económicos positivos, hay mucha gente que no está contenta.
Sabemos que hay un malestar ciudadano bastante transversal.
Lo hemos visto en los estudiantes, en su movilización por una educación gratuita y de calidad. Pero lo hemos visto también una clase media que se siente excluida y desprotegida.
Lo hemos visto en las regiones, que han levantado la voz con fuerza contra el centralismo y el impacto negativo que tiene en su vida cotidiana.
Chile ha cambiado y es hoy, un país más activo y con mayor conciencia de sus derechos. Es un país cuyas personas están cansadas de los abusos de poder y de que sus necesidades no sean tomadas en cuenta.
Chile tiene hoy una ciudadanía más madura y empoderada. Estamos entrando a un nuevo ciclo político, económico y social.
¡Y qué bueno que así sea!
Esta ciudadanía más fuerte, fiscalizadora, informada, comprometida con el desarrollo de Chile es una señal de nuestra propia adultez como sociedad. Pero es, también, una ciudadanía que está alzando su voz descontenta.
Y aunque muchas causas puedan ser señaladas, mi convicción profunda es que la enorme desigualdad en Chile es el motivo principal del enojo.
Un enojo que se manifiesta, además, como desconfianza en las instituciones.
Este enojo, es un enojo justo. Lamentablemente, Chile es uno de los países con mayor desigualdad del mundo. Y esta fractura social es ética y políticamente  inaceptable.
¿Y de qué hablamos cuando decimos desigualdad?
Hablamos de las brechas salariales, por cierto, pero también del abuso de empresas que estafan a sus clientes.
De la letra chica que afecta a millones de consumidores endeudados.
De los cambios unilaterales de planes de salud.
De las regiones, postergadas por el centralismo.
Hablamos de la persistente diferencia de remuneraciones entre hombres y mujeres que hacen el mismo trabajo.
De la impotencia de los trabajadores que no pueden negociar colectivamente, en igualdad de condiciones, con sus empresas. De los derechos sexuales y reproductivos.
La desigualdad se expresa también con toda su fuerza en la brecha educacional, que resta oportunidades a los estudiantes de la educación municipal.
Se expresa también en el día a día de una clase media cada vez más afectada por altos pagos en  educación, vivienda y salud, pero que no califica para programas de apoyo social.
Las condiciones de vida y los derechos de nuestros pueblos originarios siguen constituyendo una tarea pendiente como país, y otra dimensión crítica de esta falla estructural que como sociedad nos afecta a todos. 
A todas esas personas que día a día enfrentan estas desigualdades, les digo: es tiempo. Es ahora. Es importante y urgente.
Debemos combatir la desigualdad con decisión. Esa debe ser, a todo nivel, nuestra prioridad.
Chile se encuentra en un momento histórico: el momento de decidir en qué condiciones alcanzar, como sociedad, el desarrollo.
El crecimiento económico es fundamental para alcanzar nuestras metas. Debemos crecer a buen ritmo y de manera sostenida.
Es muy cierto que el crecimiento produce empleo, mejoras en los ingresos y dinamismo en la economía.
Pero también es cierto que no hay crecimiento real sin inclusión.
Debemos re-pensar las bases de nuestro modelo de desarrollo.
Debemos pasar de un modelo basado casi exclusivamente en la exportación de materias primas, a uno que también se sustente en el conocimiento, el emprendimiento y la creatividad.
Para ello, es clave generar mayores oportunidades y reducir la desigualdad.
Es un deber ético, pero es también una inversión que no podemos posponer.
Sólo podremos ser un país desarrollado si cambiamos sustancialmente la forma en que hacemos las cosas.
Voy a decirlo claramente: el verdadero desarrollo no existe si no es inclusivo y sustentable.
Y para avanzar en esa tarea que nos proponemos, será fundamental que los ciudadanos y ciudadanas estén comprometidos en un proyecto colectivo de país. Que su voz se oiga fuerte y clara.
Estamos en  el momento oportuno para hacernos cargo de esta tarea. 
Derrotar la desigualdad para alcanzar el desarrollo es una labor enorme y, por cierto, supera largamente el horizonte de una gestión presidencial. 
Es preciso, entonces, que comencemos ahora mismo.
Durante mucho tiempo nos dedicamos a hacer ajustes y cambios al modelo.
Algunos han sido buenos. Pero son insuficientes. Tenemos que llevar a cabo reformas más profundas.
Debemos ser capaces de construir un nuevo consenso para avanzar con sentido de país, con unidad nacional y con un rumbo común. Sin exclusiones.
Quiero comprometerme ahora ante ustedes:
Yo no voy a ofrecer un programa hecho entre cuatro paredes.
Voy a promover diálogos y encuentros para que el programa de esta campaña tenga el sello de nuestra ciudadanía.
Constituiremos un verdadero pacto de gobierno, con un compromiso mutuo.
Y para eso voy a recorrer el país: para escucharlos, para conocer sus propuestas.
 
Amigas y amigos,
Voy a trabajar para conducir el próximo gobierno: el primer gobierno de una nueva mayoría política y social que nos permita enfrentar la desigualdad y construir un Chile inclusivo.
Tenemos una oportunidad única para avanzar juntos en la dirección correcta.
Por lo mismo, esta campaña, la conquista del Gobierno y la realización de las reformas deben tener un carácter amplio y democrático.
En ese sentido, creo que es muy importante que se realicen primarias para la designación del candidato único de la oposición.
Las primarias son un camino legítimo y válido para que sea la ciudadanía la que señale su preferencia.
Es por eso que he decidido participar en las primarias de la Concertación y de la oposición. Porque el camino  a la Moneda no será la tarea de una candidata, de un equipo, o de una coalición de partidos.
Esta campaña les pertenecerá a ustedes.
Si ganamos, será porque hubo una gran movilización de la ciudadanía a lo largo y ancho del país.
Y esa movilización ciudadana comienza hoy. Ahora.
Es necesario movilizarse y participar de cara a las primarias del próximo 30 de junio y luego, de cara a la elección presidencial.
Y a esas mismas personas que tan desinteresadamente me han expresado su apoyo, su cariño, su confianza, les pido que nos ayuden en cada ciudad y rincón de Chile.
Los invito y los convoco a trabajar todos juntos por una gran primaria fraternal, masiva, abierta y ciudadana. A realizar una campaña con alegría, iniciativa, respeto y  entusiasmo.
Los invito a que trabajemos para ganar el Gobierno en noviembre próximo. Cada uno de ustedes, cada una de ustedes, con sus anhelos y sus realidades, con su propia vivencia y mirada de Chile, con su voz, es lo que este nuevo sueño de país requiere.
Es lo que necesitamos para una nueva mayoría, para una nueva política, para un mejor país.
Gracias de todo corazón por su cariño y su confianza. Gracias por estar aquí esta noche.
 
Comencemos, ahora.
¡Viva Chile!
 
MICHELLE BACHELET

No hay comentarios:

Publicar un comentario